Solo imagino tu rostro,
mirándome lleno de lágrimas,
por el dolor por lo querido,
tras el accidente de nacer.
Puedo sentir tu grito interno,
tu grieta tallada en tí,
resquebrajarse con el tiempo,
con miedo sin pausa ni fin.
Angustia de la vida ahora,
hueco terrible de destino,
palpando con mi mano,
la templada tierra al Sol.
Solo imagino tus ojos,
explosionando todos los anhelos,
mirando la muerte desde la vida
durante el nacimiento de la mía.
Y en el día aquel
confrontados a la nada,
en el momento justo
de nacer el creado ser.
(Relato de B. Ramírez)